La historia va más o menos así: una mujer crece, conoce al hombre de su vida, se aman, se casan y viven felices por siempre. Deseo de mujeres, madres, abuelas, tías, amigas y uno que otro hombre. Contados. Sueños de mujeres que siempre han esperado ’el día más feliz de su vida’. Se lo pintan a uno muy simple. Casi automático. Predestinado.
Hay otras como yo, que la creían innecesaria y llega un momento, en el que se dan cuenta que desean una como todas las demás. Sólo es que siempre me ha costado imaginar qué se siente tener “un día más feliz”.
El creer o no en el matrimonio, no es el tema de este post. Incluso me atrevo a pensar que el matrimonio y la boda no tienen nada que ver, excepto que es el canal para llegar a uno por medio del otro. El matrimonio es otro asunto. Papeleo, convivencia, tiempo, acciones, química, esfuerzos, hijos, desgastes, alegrías y recuerdos. Convenios. Incluso costumbre. Yo hablo expresamente de la boda. El bodorrio, la pachanga, la víbora de la mar, el papá borracho, el hermoso vestido, el pastel.
Al final, lo que realmente simboliza una boda es: “por fin dejaré de buscar… este es el bueno”. Bodas que pueden darse entre parejas que se han conocido por muy poco tiempo o entre parejas que llevan muchos años juntos. Una boda puede ser una decisión mutua, un arranque de espontaneidad, una declaración de amor, una celebración de pareja, puede ser el siguiente paso lógico, puede ser conveniente, puede ser una costumbre. Pase lo que pase, sea para siempre o termine en un divorcio, casarte promete una estabilidad que parece pero no es segura y que puede no ser verdadera. Es una promesa a que dejarás de buscar, que has encontrado con quien quieres estar. Volvemos al tema recurrente: todos queremos amar y ser amados.
Todo eso es una promesa de boda. Decir votos, jurar amor. Jurarlo como si estuviéramos completamente seguros que no va a cambiar. Todos queremos nuestro final feliz. Entonces ¿qué busca la gente con una boda? Creo que lo que buscamos es es precisamente, dejar de buscar. Dejar de besar sapos, encontrar al príncipe.
Por eso los hombres no deberían paniquearse. Sí, las mujeres somos (al menos mayoría) seres cursis que quieren una boda. Pero no estamos desesperadas. Al menos no todas. No es una enfermedad crónica que aparece después de los 25 en la que debemos casarnos o se nos caerá la piel. No, no es competencia con las amigas. Al menos en mi caso. El cliché que envuelve a una boda les ha hecho creer que queremos una a como dé lugar. En realidad creo que a lo que le huyen no es a la boda, si no al matrimonio.
Yo la verdad quiero una boda. Digo, no ahorita, ni pronto. Pero quiero un vestido enorme muy flamenco, color blanco (como la virginidad que representa y orgullosamente hace mucho no la tengo), unas damas de honor, un pastel delicioso, una noche de protagonismo, romanticismo, mis amigos y mis papás hasta el moco y un “puede besar a la novia”. Quiero esa promesa de experimentar un amor tan fuerte por alguien, que me haga querer pasar toda mi vida con él. Aunque casarte sea una vez más, tirar los dados y esperar que funcione. Quiero saber qué es llevar todo al siguiente nivel. Quiero una boda, pero no quiero casarme por costumbre, por comodidad, porque me conviene, porque es un buen hombre, por lógica, por un paso automático, porque ya no quiero seguir buscando. Todo esto llega a tiempos diferentes para cada uno y a pesar de que uno pueda planear casarse a cierta edad, la verdad uno nunca sabe. Siempre hay uno que te mueve el tapete o una mujer que lo tiene todo. Pero como todo en la vida, lo bueno no llega fácil ni llega rápido. Hay que saber esperar, hay que saber encontrar. Eso sí, cuando me case…… agárrense.
Y de pilón.. un video de una mujer guapetona cantándole a su novio en plena boda. Una canción cursi, por supuesto y aflamencada. La verdad, saca lagrimita.

Necesito mandar un mensaje que este………… romA cry en Mi cORazon SOlido Yo seA FuRia ODIo esTA ( LA MISMA VENUS) EM PLEH