Life is funny.
Odio que me hagan preguntas del tipo: ¿Cómo te ves en 10 años?. Nunca sé que contestar. No es falta de carácter de planeación, es simple necesidad de no saber. Hay veces que no sé ni qué haré mañana, ¿cómo debo responder a esas preguntas?. Alguna vez en la preparatoria me preguntaron ¿cómo te ves a los 25 años? La neta no me acuerdo ni qué respondí. No tengo 25, pero no tardo en cumplirlos. La vida me ha dado tabla el último par de años. Tabla marica, además. Hemos llevado una pelea de dos a tres caídas sin límite de tiempo. Máscara contra cabellera. Chingaderas contra lucidez. Aún no me ha noqueado.
Me habló ayer por la noche una amiga. Una que he conocido por mucho tiempo. Unas papas a la francesa, dos chelas, cinco planes futuros y quinientas reflexiones después nos quisimos sentir “forever young”. Buscando Botox para el alma, terminamos en el portal de 20 años después.
La festejada era una mujer muy guapa de 42 años. Buen cuerpo, gran estilo, divinos zapatos y hermosa casa. Amueblada con lo mejor. Divorciada. O peor, recién divorciada. La conoció alguien en el gimnasio y se hicieron amigas. Por eso terminamos ahí. La fiesta era para morirse. Una mesa llena de sushi y bocaditos (y yo moría de hambre). Mesitas con sillas periqueras. Martinis. Juan Ga. Hasta hubo mago.
La pasamos bien. Conocí un grupo de mujeres en sus 40 y tantos. Unas exitosas, otras divorciadas. Unas borrachas, otras haciendo alarde de sus 3 horas diarias en el gym. La cumpleañera festejaba no sólo sus 42 veranos, si no, una nueva etapa de su vida, una sin ataduras del matrimonio, con planes nuevos y cremas nuevas. “La vida empieza a los 40″ era el lema de la fiesta. Al parecer a mis escasos 23 años era no sólo poco experimentada, también era inocente. ¿Inocente yo? That’s new.
Y para verse fabulosa a los 40 es una intensa estrategia cuidadosamente planeada, me comentaba. Crema de día, crema de noche. Yoga una hora por las mañanas. Licuados energéticos. Ropa cara. Una carrera exitosa. Amigas igual de entusiastas. Pilates. Botox. Me atrevo a pensar que hasta un amante de veintitantos. Todo eso te mantiene joven por fuera. Comienzo a creer que hasta el divorcio las rejuvenece. ¿Y cómo le hace uno para el alma?Para el desgane. Para el corazón atormentado. Para las relaciones fallidas, para la inseguridad. ¿Cuál es la fórmula secreta, para no dejar de creer, a pesar de los años? Porque en el club de la vida de “no dejes de creer en las trescientas pendejadas que te dicen que creas desde que tienes 8 años”… me están perdiendo.
No fue si no hasta que un panzón calvo señor con demasiado pelo en pecho intentó la plática cuando decidí que había absorbido demasiado mood cuarentón y me despedí terminando mi trago y deseando lo mejor a la festejada. Hermosa casa, en verdad. Entonces no pude evitarlo: el miedo. ¿Qué para mí a los 40?. Y falta tanto pero no lo puedo evitar. No se trata de los 30, 40 ó 50. ¿Qué para mí a mis 23? . Se trata de ese difícil momento desequilibrado, desesperado, inestable en el que hay que decidir lo que sigue. Estrategia de pasos sigilosamente elegidos para desatar …. el futuro. Los años venideros. ¿Habrá algún momento en el que uno se pueda relajar, tomar asiento, cruzar las piernas y sin darse cuenta… ser feliz? ¿ En dónde termina el camino amarillo? ¿Dónde está el manual para crecer, para planear, para tomar buenas decisiones? Para no arrepentirse.
Uno encuentra reflexión en donde puede.

“Uno encuentra reflexión en donde puede” muy cierto, y adoptaré esa frase… coincido en que la cuestión no es de 20′s, 30′s o 40′s, hay gente que llega a los 50′s o 70′s y sigue buscando, pero que hizo todo en ese tiempo… aunque se escuche muy cliché o muy “despreocupé” ama, siente, ríe, diviértete, disfruta, vive! pero en todo momento, al final de cuentas, cada momento es vida y cada vida es distinta, deja que la tuya sea propia y a tú manera!