Metro

Ahora que poseo un semi-empleo responsable, he explorado al máximo el servicio de transporte público. Claro, porque no tengo carro ni puedo costearme uno, aunque me gusta aliviar la pena diciéndome a mí misma que es por ser Ecofriendly. Camión, metro, metrobús y aún me falta el bicitaxi. He probado el nuevo servicio de Corredor Periférico, el metrobús con sus pantallas interactivas donde no pasa absolutamente nada de provecho y he vuelto a mi viejo compañero, el metro. Había olvidado lo mucho que me gusta el metro.

Sí, estoy de acuerdo: cuando está lloviendo, son las siete de la noche y no alcanzas a irte a los primeros o últimos vagones, lo odias. Deseas que un bebé asiático se atore en las puertas y lo vacíen. Pero el resto del tiempo es maravilloso.

Es barato, es una promesa de lo que quieras. Por sólo 3 pesos, puedes subirte, dar cuatro mil vueltas dentro, cambiar de línea y llegar a donde se te pegue la gana. Menos Tláhuac, al menos por el momento.  Puedes subirte en el Toreo, donde colindan los estados y terminar en la cueva del demonio en Pantitlán. La mayoría del tiempo es mucho más rápido que ir en el carro, cuando hay tráfico y si eres mujer (eres multitask) puedes hacer mil cosas. Además, yo, una fiel seguidora de “the old style”, sigo y seguiré comprando boletitos sin reemplazarlos por la tecnológica tarjeta.

Algo es seguro: el metro no es para princesas. Ahí no hay nada de: “No me gusta ir apretada”, “Va muy lento”, “Guácala el tubo”, “Camino mucho”… es de guerreros. Si uno adopta esa actitud, jamás será un viaje placentero.

Me gusta porque te da tiempo.  A mi me desata una necesidad de pensar. Pensar en mí, en lo que me pasa. Practico pasitos de flamenco sentada, me gusta observar detenidamente los símbolos de cada estación. Me entra el pánico siempre de que no me baje en la estación correcta. Me encanta observar a la gente. Ver lo que trae puesto, ver lo que trae en las manos. Ver lo que está leyendo. Me encanta leer en el metro, porque el tiempo se me va más rápido. El ruido del pasar del vagón absorbe mis pensamientos y me concentro completamente en mi lectura. Me encanta el metro porque se ve de todo. Las mujeres maquillándose, retocando su peinado. Sacan el labial y en un malabar de una mano en el tubo y en la otra lipstick y espejo, logran dominarlo. Los niños que regresan de la escuela. Los novios besándose en una esquinita. Los que traen un iPod y me intriga qué pueden estar escuchando. Las gangas. Yo chacharera a morir he comprado mil artefactos inútiles en el metro. Subirte a la línea azul es como pasearte en un tianguis.

Me encanta ir al centro y pasar por el corredor del Zócalo. Meterme a las librerías y que me den ganas de comprarme todo.  Aún no supero ese Discomp3con100cancionessólo10pesos que no me compré y traía lo mejor de la  música New Age.  Por fin en el ir y venir pude terminar mi libro. Me encanta buscar ratones en las vías. Me encanta caminar y bailar. Me gusta el metro porque todos están en la misma calidad de pasajeros. Las señoras visten lo más extraño, se ven señores extraños, extranjeros guapos, extranjeros horribles, hippies, hipsters, emos, niños, secretarias, ejecutivas, chicas muy guapas, señores pervertidos, gente dormida, gente llorando, gente cantando. Mi maestra de filosofía de la prepa decía: “Si quieres entender a la humanidad y su historia, date una vuelta a Pino Suárez a las 3pm”.

Si se sabe utilizar, ahí uno se puede enterar de todo. Funciones de ballet, bazares, estrenos de películas, clases de baile, exposiciones de museos. Yo sigo buscando el anuncio del bicentenario de tres adelitas que uno de mis tíos asegura, es una antepasada mía. La abuela de mi abuelo.

Una vez conocí a un chico en la estación Centro Médico. Yo venía de Coyoacán. Él estudiaba medicina. Platicamos hasta Tacubaya donde me bajé. Me emocionó más el conocer a alguien de una manera completamente aleatoria que la persona en sí.

Algún día, escribiré todas las historias que me pasan por la cabeza al ver a las personas ahí dentro.

Y si no la han escuchado, el metro es tan inspirador que Café Tacuba tiene una canción titulada así.

Una respuesta

  1. Me gusto… Definitivamente me gusto la forma en escribes, dejame leer otro.

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