El reloj de mi computadora me indica poco menos de media noche. Tengo una cara de que no he dormido en tres días, cuando he dormido perfecto estos últimos. Círculos negros de oso panda decoran la zona alrededor de mi ojo. De plano me levanté hoy a ponerme unos pants y una sudadera color pitufo con la marca ADIDAS impresa a la altura decente de mis atributos frontales (btw, me recuerda a esa canción de Korn).
He estado terriblemente ocupada. Los ensayos de tiempo completo regresaron, mi voluntad de hacer mis asuntos y estudiar que había cambiado por muchas lágrimas y complejos también. Estoy contenta, pero me siento estancada. Intento poner firme mi camino, porque pienso caminar hacia el final de mi querida vida universitaria con un objetivo en específico, que aún no encuentro. Pero necesito para eso unos buenos cimientos.
Bailé el viernes pasado. Llovió a madres, pensamos que iban a cancelarlo todo. Fue al aire libre, con la brisita de lluvia deliciosa que irónicamente pone todo en un mood melancólico-flamenco que me encantó. Se nos inundó el escenario y mientras intentaba salvar mi maleta y faldas de agua de dudosa procedencia, pensaba en que era un día especial para mí. Hacía frío, estaba oscureciendo, estaba ese sabor sensible que deja la lluvia. Yo había tenido un par de dudas de mí ese día. Me preparaba para sentir todo. Tenía la piel chinita y una lágrima reprimida por el peligro de llorar rímel. Había algo más, sabía que ahí iban a estar. Los dos.
Me desconecté por completo. De mis problemas, de mis heridas, de mis dudas, de mis complejos. Estaba yo ahí parada. Y era privilegiada. Me sentía la persona más afortunada del mundo por poder hacer lo que más me gustaba en la vida en ese momento.
El ingeniero llegó medio tarde pero justo a tiempo para cuando empezó la función. Llegó exMr. Big … con ella. Ya no me duele, al contrario, ahora puedo decir que he empezado una vida en un carril diferente. Y quería que me viera. No porque quisiera demostrarle nada, no. Quería que me viera porque compartió conmigo el principio de esta obsesión tan grande que tengo, porque estuvo ahí cuando no me salían los pasos, cuando bailaba como mico. Cuando no controlaba mis emociones, cuando sentía que se me caían los calzones del miedo, por eso es especial él ,por eso es especial el flamenco, por eso es mi única pasión. Esta pasión que me transpira.
Recuerdo cuando bailé en Loreto. Llegué a chillar porque él no había ido y yo no había bailado bien.Pero esta vez me lucí. Me lucí y desde los 30 segundos dejé el alma ahí. Comencé a sudar como nunca había sudado. Lo sentía adentro de mí. Voltee y en la segunda fila estaba el ingeniero. Le coquetee, lo llamé con mis manos varias veces. Me acordé de aquellos ratos hermosos y revolcones que nos damos. Me prendí. De verdad. Pude haber tenido sexo del bueno en ese momento. Y lo tuve, con cada canción, con cada movimiento, con cada gota que me escurría desde la cabeza hasta el escote. Lo sentí en y entre mis piernas, en mis brazos, en mi cabeza, en mi espalda.
Me equivoqué y me valió madres.Me sentía imponente. Me sentía invencible. Me sentía yo por fin otra vez. Fue una experiencia catártica, fue un vómito emocional.
Terminé y después de una emotiva despedida a uno de los miembros de la Compañía, fuimos a celebrar con chelas. Mis bebidas fueron una coca zero y una chelita. No podía más con mi alma, necesitaba dormir. Me levanté el Sábado con dolor de todo, menos de alma. Estoy tranquila, por primera vez en lo que va del año. Verdaderamente tranquila. El ingeniero ahí está, en un stand by enorme en mi vida. Me quiere y un chingo. Pero no se va a lanzar jamás al ruedo. Tiene mucho miedo. Y yo no quiero miedos. Quiero mucho amor, quiero mucho goce, quiero muchas ganas y eso sí, quiero muchos huevos. No más Zucaritas.Para la botana están bien, pero no de plato fuerte.
He llegado a ese punto en mi vida. No sé que quiero, pero sé perfectamente lo que no quiero.
He encontrado que tengo la necesidad constante de expresarme. Me he vuelto adicta al Twitter, a decir qué pienso, a decir cómo me siento. Me he vuelto adicta a mis sentimientos.
Hoy me voy a dormir con un cansancio rico. Satisfecha de mí, de mis acciones de estos días. He pensado mucho, he actuado mucho. He tomado decisiones que aún no he puesto en práctica. Me he comprobado mucho. Me siento cansada pero tranquila.
Me molesta no tener tiempo para escribir todo lo que quiero. Cómo siempre, tendré que encontrar 10 minutos zen para hacerlo.
En mi iTunes: La Zambra de Sabores, de Sara Baras. No sé cómo se llama la canción pero es hermosa.
Y les pongo esta foto. Porque me encanta. Y me hace sentir cosquilleo en la espalda.

Miedo, a veces tengo miedo, miedo de que me ames.